ARTÍCULO DE JOSÉ RAMÓN YÚFERA
GINÉS.
Andan las tres patas de
“l'afició” y “penyes” culés (la pata rural, la “indepe” y la migrante)
como encrispadas. No les basta con arrasar a todos y todas en el césped
gracias a las misteriosas “palanques” que permiten al club de sus amores
armar un equipo de constelaciones y gracias también al retorcimiento de la
ley para inscribir a un “crack” en el mercado invernal además del mirar para
otro lado de las instituciones del fútbol. ¿Se acuerda alguien del caso
Negreira?
Pero vamos al meollo ¿Por qué
la crispación en éste “triomfant més que un club”? La razón es el
premio llamado Balón de Oro, antes Bota de Oro. Para merecerlo no sólo hay
que jugar bien al fútbol sino saber ganar y ser respetuoso con los
rivales. Cierto es que el club que nos visitó el sábado tiene, y ha tenido
en las dos últimas décadas, auténticos magos del balón. Y alguno un poco
sobradito de ego, que no de estatura, ha ganado el codiciado premio
repetidas veces. Da la impresión que éste año de 2026 las nominaciones a
Balón de Oro van por un camino diferente al de Las Ramblas (palabra que
proviene del término árabe “ramla”). De ahí el disgusto de las diferentes
patas de “l'afició”. Sólo la posibilidad de no lucir semejante entorchado,
ya les anula la mente y pierden el “seny.
La incontestable derrota del
SFC el sábado y sólo por 1-3 gracias a la actuación de nuestro
portero Odysseas, demuestra que algo ocurre mientras todos cierran los
ojos. Si a estas alturas del Campeonato recién iniciado nadie se pregunta
por qué el equipo visitante al RSP en la 7a jornada (¿Era la 7a, o la
mitad de la 6a? Ya es que me pierdo) atesora ya en su casillero un “score”
favorable en 24 goles, es que todos, absolutamente todos nos merecemos ser
meros comparsas. Si nadie ve que los puestos para Liga de Campeones ya
están ocupados por los mangantes y mangoneantes de siempre, salvo la excepción
que confirma la regla, y que nada los va a apear de ahí, pues me reafirmo
en lo escrito.
Pero es que además debemos
aguantar los fieles que acudimos al RSP las insolencias provocadoras de
los jugadores contrarios. No es la 1a vez ni será la última. El autor del
segundo gol visitante tras marcar hizo una sentadilla a modo de defecación
dirigiéndose a la grada baja de Gol Norte. Un mozalbete que si no
se reconduce va a terminar su estrellato futbolero más pronto que tarde,
por estrellar un balón en el poste tras una gran jugada, ya se frustró, la
tomó con la hinchada local y ya no dio pié con bola en todo el partido.
Un chico de una localidad
serrano-minera de una provincia cercana, internacional, gran jugador sin
duda, tuvo un comportamiento similar hace unas dos o tres temporadas. Es
una conducta muy habitual en los jugadores de los tres mangantes y mangoneantes
de siempre. Podría hacer una relación, pero no deseo ser pesado.
Para aspirar o ser nominado a
Balón de Oro hay que tener madurez profesional y saber estar aún sabiéndose
superior, tampoco puede uno dejarse llevar por el odio inculcado desde otros
clubs que sobreviven inexplicablemente en los sótanos del escalafón de
categorías nacional o desde las instituciones locales y provinciales
limítrofes.
La afición sevillista ya
sabía de la derrota frente a los “culés” desde que terminó el partido de
Riazor, de ahí que muchos hicieran cesión de abono, dando pié con éste
acto a que muchos de los asistentes al RSP formaran parte de esa masa de
seguidores rurales y migrantes, incluso de nuestra propia provincia,
que babea con las estrellas “blaugranas”. No es que la afición sevillista
esté satisfecha con los trece puntos atesorados y con el escuálido “score”
de un gol a favor, pero tal como se dió el inicio de las cuatro temporadas
anteriores de momento nos sentimos tranquilos. Como he escrito en otras
ocasiones: que las tres patas de “l'afició”, la rural, la migrante y la “indepe”,
se coman con su pan sus éxitos, pero miren cómo lo consiguen.
José Ramón Yúfera Ginés.



